Mostrando entradas con la etiqueta Articles d'opinió. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Articles d'opinió. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de mayo de 2014

ALIANZA


Hace algún tiempo, vi con mis propios ojos a una rata de gran tamaño andando, como Pedro por su casa, en la acera de una calle. En vista del acaecimiento, un setentón, que la tuvo muy cerca, le dio un puntapié, después otro rozándole solo la punta del rabo… En el fragor de la batalla, aparecieron 5 ó 6 niños de unos once años que habían salido del colegio. Al percatarse de la situación, los chavales espontáneamente hicieron causa común con el septuagenario. Fue una labor de equipo aunque no la dirigiera ningún entrenador. Instintivamente, rodearon junto a la pared al gigantesco roedor. Los futuros hombres le chutaron como si fuera un balón emulando a Cristiano Ronaldo o a Messi. Le dieron alguna vez, pero el animal era hábil para esquivar los golpes. Uno le pegó en la parte trasera. Otro la pisó con la planta del pie. La rata, a trancas y a barrancas, consiguió evadirse entre un bosque de piernas. Pero para grandes males grandes remedios: uno de los caballeros del porvenir, con muy buenos reflejos, le lanzó su mochila repleta de libros alcanzándola de lleno. El animal, al parecer ya moribundo, se escondió debajo de un coche. Entonces el equipo completo, es decir, el que tenía mucho tiempo vivido y los que les quedaban mucha vida por delante, se asomaron debajo del vehículo intentando hacerla salir. dieroncuenta que ya estaba en las últimas. No se movió.


Estos futuros hombres se habían empleado a fondo sin que nadie se lo exigiera, como si su forma de proceder fuera una condición sine qua non para recibir un importantísimo premio o trofeo. Es posible que este conjunto de cazadores fuera un poco imprudente, pues, el animal si está acorralado y no ve la forma de escapar podría haber atacado a alguno de ellos.

Durante los mencionados hechos, se habían detenido, a una distancia prudencial, dos amigas quinceañeras para presenciar el acontecimiento. Las dos tenían una distinguida, diferente y gran belleza así como una desigual forma de vestir, de procedencia y de cultura. Una era morenita y llevaba puesto un chador de musulmana; la otra, muy rubia, cubría su cuerpo con prendas según la cultura occidental. La rubia se dirigió al mayor de los varones preguntándole con más curiosidad que desaprobación:
- ¿Por qué han querido matar a la rata?
- Las ratas son un azote para la humanidad -contestó él.
 Transmiten muchas enfermedades, una de ellas es la peste. Recordad la novela de este mismo título. El autor es el premio Nobel de Literatura, de ascendencia menorquina, Albert Camus.
- La leeré –contestó la rubia.
- Os aseguro que si las ratas estuvieran en peligro de extinción, yo sería un adalid para salvarlas; pero pasa lo contrario, muchas veces se convierten en una verdadera plaga y es necesario mantener a raya su población. Tanto es así que en las ciudades se hacen campañas de desratización. Lo de hoy es comparable a la lucha contra los mosquitos ¿Quién no ha intentado matar de un manotazo a alguno sobre su propio cuerpo? Con todo lo que he dicho, quiero añadir que hay que hacer lo posible para resolver estos problemas sin productos contaminantes.
Las jovencitas quedaron convencidas, asintieron con el gesto y la palabra. No hicieron más preguntas. Por mi parte, no voy a juzgar si los que actuaron lo hicieron bien o mal; simplemente he querido pasar un espejo a lo que aconteció. Al final todos estaban de acuerdo. Aquello era ya una alianza de generaciones, razas y culturas.
                                                             
                                                  Marcos Seguí Pons

martes, 29 de abril de 2014

NOU DE JULIOL DE 1558




Són cent quaranta vaixells,
venen plens de turcs soldats,
per fer frenètics atacs
contra Menorca tots ells.
Morts, presoners, desgavells,
fan a ciutat de ponent,
fent-los patir, pobre gent.
Feia tristor, gens de gràcia.
Va ser s'any de sa desgràcia,
a partir d'aquell moment.

Marc Seguí



 

viernes, 24 de mayo de 2013

EL PEREGRINO Y EL SABIO

El Camino de Santiago puede hacerse por devoción, deporte, cultura, amor a la naturaleza o todos ellos juntos. Este es mi caso. Desde el comienzo de las peregrinaciones, fue una vía de intercambio cultural. El máximo exponente es el arte románico, también el gótico y el barroco. España exportó a los extranjeros el arte musulmán, los números arábigos etc.
El Camino de Santiago puede hacerse por devoción, deporte, cultura, amor a la naturaleza o todos ellos juntos. Este es mi caso. Desde el comienzo de las peregrinaciones, fue una vía de intercambio cultural. El máximo exponente es el arte románico, también el gótico y el barroco. España exportó a los extranjeros el arte musulmán, los números arábigos etc.El Camino de Santiago puede hacerse por devoción, deporte, cultura, amor a la naturaleza o todos ellos juntos. Este es mi caso. Desde el comienzo de las peregrinaciones, fue una vía de intercambio cultural. El máximo exponente es el arte románico, también el gótico y el barroco. España exportó a los extranjeros el arte musulmán, los números arábigos etc.  El 1El Camino de Santiago puede hacerse por devoción, deporte, cultura, amor a la naturaleza o todos ellos juntos. Este es mi caso. Desde el comienzo de las peregrinaciones, fue una vía de intercambio cultural. El máximo exponente es el arte románico, también el gótico y el barroco. España exportó a los extranjeros el arte musulmán, los números arábigos etc.3 de septiembre de 2008, mi mujer y yo empezamos el recorrido en el límite de Galicia con Castilla. El primer peregrino que vimos fue un ciclista y al adelantarnos nos saludó con un “buen camino”. Esto es muy frecuente y agradable al mismo tiempo. En O Cebreiro contemplamos varias pallozas con muros de lajas y techumbre de paja. Una de ellas está adecuada para refugio de peregrinos, otra como museo etnológico. El templo parroquial dedicado a Santa María es un espléndido ejemplar del prerrománico. En el interior se encuentra el milagroso relicario de la transformación del pan y del vino.

A través de la sierra de Rañadoiro, caminamos hasta Hospital da Condesa. En una calle donde picoteaban unas gallinas junto a un restaurante, entramos en él y degustamos una sabrosa comida. Pasamos por Alto do Poio (1337 m.) Andamos hasta Fonfría finalizando la etapa. Cenamos en una gran mesa dentro de una gran palloza. Los comensales de diversos países cantaron canciones de sus orígenes y españolas. La mujer del albergue entonó la última cantilena: “Vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos madrugar…“
El día 14 pasamos por Triacastela, población documentada desde el año 922. Hubo tres castillos –de ahí su nombre- y varios hospitales. Fue un enclave fundamental en la repoblación emprendida por Alfonso IX durante el siglo XIII. Es el último lugar del camino donde aflora roca caliza.  Por tal motivo, los romeros transportaban algún pedrusco hasta Castañeda para cocerlo en un horno convirtiéndolo en cal. Ésta se utilizaba en la erección de la catedral compostelana. Seguimos la etapa, encontramos corrientes de agua, bosques, ganado, cultivos… Todo bucólicamente bello. Nos detenemos en  Samos donde existe una abadía benedictina, cuyo origen es del siglo VI. Destaca su fachada barroca y el claustro mayor.

El día 15 salimos de Samos hacia Sarria. Ahí está el monasterio de los Mercedarios. El hospital anejo al convento atendía a los peregrinos no sólo con alojamiento, sino con limosna. En Sarria murió el año 1230, durante su peregrinación, el monarca Alfonso IX. Su cadáver fue transportado hasta la capital compostelana siendo enterrado junto a su padre Fernando II. Más adelante, existe el puente románico de Aspera. Avanzamos hasta Barbadelo que dispone de  una iglesia románica, bello exponente del estilo rural gallego. Está declarado Monumento-Histórico Artístico Nacional.
Partimos de Barbadelo el día 16, encontramos varias corredoiras, es decir, trozos de camino atravesados por una pequeña corriente de agua (dispone de un lateral más elevado para andar sin mojarse los pies). Con frecuencia aparecen los típicos hórreos. Se pasa cerca del poblado de Laio en el cual se ubicó el monasterio homónimo, lugar de origen de la orden militar de Santiago, fundada en el siglo XII. A partir de la iglesia románica  de Velante el peregrino puede saborear la Galicia profunda y rural hasta Portomarín.
Portomarín fue anegado por un embalse en 1962. Los edificios más emblemáticos se reconstruyeron en un nuevo emplazamiento y junto a ellos el resto del pueblo. Brilla con luz propia la compacta y almenada iglesia románica cuyo pórtico representa a los veinticuatro ancianos del apocalipsis. Las piedras fueron numeradas y ensambladas en la nueva ubicación. El día 17, después de desayunar andamos hasta Ligonde y pernoctamos. Siglos atrás pararon en este lugar el monarca Carlos I de España y su hijo Felipe II.
El día 18 hemos partido en dirección a Mélide. Pasamos por Palas de Rey cuyo nombre se debe a Witiza, último rey visigodo arriano. Más adelante se encuentra un hermoso puente medieval. En Mélide se halla la iglesia de San Pedro sede histórica de la cofradía de Sancti Spíritus dedicada a la atención de los peregrinos. Ocupa el centro geográfico de Galicia. Aquí se unían el Camino Francés a la ruta de la costa cantábrica. En todos los albergues, sobre las 21:30 la gente empieza a hablar menos y más bajo; alrededor de las 22, el silencio es prácticamente total.
El día 19 dejamos Mélide moviéndonos hacia Arzúa. A poco de salir, aparece la Iglesia románica de Santa María de Mellid del siglo XII. Destacan las pinturas del siglo XV en las paredes del ábside. Andando a la sombra de eucaliptus y robles, se llega a Castañeda (donde estaban ubicados los hornos para producir cal). Más adelante  atinamos Arzúa.
Día 20 salimos de Arzúa, pronto los eucaliptus casi se adueñan de la calzada. Hemos pasado por debajo de un hórreo situado sobre las paredes laterales del camino. Pernoctamos en Pedrouzo. Cada etapa puede ser también un viaje interior,  asimismo darse cuenta de lo buena que es la gente.
Día 21 última etapa Pedrouzo-Santiago, pasamos por Labacolla a poco más de 10 Km. de la meta. En este lugar, los peregrinos acostumbraban asearse. Llegamos a Monte do Gozo a unos 5 Km. del fin. Ya se divisa la Catedral. Al llegar a ella, abrazamos al Apóstol, visitamos su Tumba, nos sellan las credenciales y nos dan la compostelana. Hemos asistido a la Misa de los peregrinos. Antes de la celebración, el oficiante ha leído el número de los romeros que han recibido dicha compostelana durante las últimas veinticuatro horas. Hace constar su procedencia.



Quedaba una inesperada sorpresa: al visitar el Museo claustro de la Catedral, encontramos a un ilustrísimo personaje: se trataba de Stephen Hawking.  Estaba en Santiago para recoger el Primer Premio Fonseca de divulgación Científica y por sus investigaciones sobre los agujeros negros del Universo. Este gigante del saber, ha sido honrado con doce doctorados honoris causa; con la Orden del Imperio Británico, Premio Príncipe de Asturias, Medalla Capley… Su hija Lucie expresó, en inglés y español, la satisfacción de su padre de estar en Compostela y recoger el premio, algo que consideró un honor.

¡Que interesantes vivencias! Lo que hemos visto y, sobre todo sentido, está escrito y dibujado de forma indeleble en nuestro recuerdo.
Marcos Seguí Pons

viernes, 15 de marzo de 2013

FIRMEZA Y FORTALEZA


“Acuérdate de conservar en los acontecimientos graves la mente serena”
Horacio
Se dice que es firme la persona constante, entera, íntegra, estable, con fuerza moral, que no cede si es necesario no ceder.  Pero no confundamos la firmeza con autoritarismo, obstinación, fanatismo y no admitir nuestras equivocaciones.
La seguridad que transmiten las personas firmes, contribuye a contagiar  a otras para que tomen nota de su manera de ser y desenvolverse en la vida. Nada es más fuerte y eficaz que el buen ejemplo. Aprovechemos estos paradigmas para reforzar nuestra autoestima cualidad fundamental para conseguir la firmeza. Como es lógico, hay que poner en práctica y experimentar en el día a día enfrentándonos a las dificultades y aprendiendo de nuestros propios errores. No caigamos en donde se hunden las voluntades más débiles. Que las dificultades sean motivo de estímulo y confianza. Esta confianza entrenada y curtida en superar obstáculos demuestra que la voluntad puede salir triunfadora en las situaciones más críticas. “La firmeza se adquiere con el ejercicio de la voluntad” (Bernabé Tierno).
La firmeza en la voluntad impregnada de coraje caracteriza a los  hombres de temple que, conscientes de los riesgos, los afrontan convencidos de que los pueden superar. No permiten la dispersión de sus fuerzas psíquicas y se mantienen fieles a sí mismos pase lo que pase. Es todo lo contrario que la veleidad, deseo vano, inconstancia, comportamiento antojadizo y bailar al ritmo que marcan otros, aunque conlleve renunciar a la propia dignidad. “¡Cuantos sufrimientos nos ahorraríamos con una sola abstinencia, con solamente un NO contestado con firmeza a la voz de la seducción!” (Lavater).
La firmeza para soportar las adversidades, vencer el temor y practicar la virtud es fortaleza. Para tener fuerza interior seamos firmes con nosotros mismos. Tengamos autodominio cuando el atractivo de lo fácil y cómodo nos invita a renunciar a la superación, al esfuerzo y saber negarnos a la dependencia de los bajos instintos. Asimismo la fortaleza va siempre unida de la voluntad que es la que autorrealiza, dignifica y construye al ser humano interiormente. Es compañera inseparable de la perseverancia, refuerza el vigor psíquico y la impasibilidad en los momentos de crisis. “Nada es tan difícil que no pueda conseguir la fortaleza” (Julio César).

Marcos Seguí Pons



viernes, 15 de febrero de 2013

EL VALOR DE LA ASERTIVIDAD

La asertividad implica autoafirmación y respeto tanto propio como ajeno; expresar nuestras opiniones e intereses, sin negar los de los demás.  La persona asertiva posee tres cualidades positivas que configuran la personalidad del adulto que ha tomado las riendas de su vida: serenidad, autocontrol y acción.
Si en un extremo de una línea colocamos la pasividad (evitar decir lo que queremos, nos gusta o consideramos justo), en el otro la agresividad  (expresar lo que pensamos  y sentimos de forma violenta y maleducada), en el centro encontramos la asertividad. Ser asertivo significa saber pedir y saber negarse, expresándonos con cortesía y claridad.  Su principio básico es: “esto me convence, me siento capaz de llevarlo adelante sin perjudicar a nadie, ¿por qué no intentarlo?”.  “La asertividad se manifiesta en nuestro comportamiento, cuando hablamos de forma fluida, con seguridad, sin bloqueos, cuando somos honestos, capaces de departir sobre nuestros gustos e intereses, de solicitar aclaraciones cuando las necesitamos y de aceptar errores” (Ana Isabel Saz Marín).
La asertividad  es una forma de autoafirmarse. Conocer y respetar los derechos y cumplir los deberes. No dar escusas para justificar nuestro comportamiento a quienes nos critican de forma destructiva. Es el derecho a decir con naturalidad: “no lo sé”, “no entiendo” o “no estoy de acuerdo”, sin escondernos ni avergonzarnos. Asimismo a  errar y asumir los errores, entendiendo que forman parte del ser humano. También a analizar si nos corresponde a nosotros encontrar soluciones a los problemas ajenos. “El individuo humano es el mismo  en el sentido en que maneja y controla su propia vida en lugar de ser manejado y controlado por las circunstancias” (Bernabé Tierno)
Los asertivos saben que son imperfectos y que a veces se equivocan, por tal motivo, aceptan las críticas porque aprenden de ellas. Se respetan a sí mismos y a los demás. Expresan de forma directa sus sentimientos, deseos y opiniones sin amenazar o infravalorar. Tienen suficiente autoconfianza y firmeza para negarse a los requerimientos que estimen lesivos para ellos i para la sociedad. Son responsables de las consecuencias que se deriven de la expresión de sus impresiones o ideas.
Marcos Seguí Pons

sábado, 26 de enero de 2013

EL VALOR DE LA AUTENTICIDAD

“No hay cosa más hermosa que la verdad y solo ella es amable”.
                       Boileau

Decir siempre la verdad es el camino más seguro para llegar a ser auténticos. Enseñarla i exigirla desde los primeros años, motiva, convence y moldea a los niños para ser responsables. Impulsa hacia las acciones nobles; por tanto, hay coherencia entre nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos; en cambio, no somos de fiar, si se percibe doblez, falsedad o fingimiento en nosotros. La acción de ser veraces educa por sí misma. Parafraseando a Guardini recordemos: “Educamos más por lo que somos y hacemos que por lo que decimos”.
La autenticidad es  una virtud tan cotizada como escasa. Para ser auténtico es necesario que el ser humano esté dotado de buenos ideales. Todos necesitamos esta guía en lo más íntimo de nuestro ser. Los valores positivos nos sirven como punto de referencia de nuestra conducta; la cual, nos protege de la esclavitud de los vicios; la moda del momento, la pereza, el qué dirán... Por otra parte, la mayoría de los problemas que aquejan a la humanidad, están motivados por la carencia de este modelo interno.
Es importantísimo que, desde la más tierna infancia, los profesores y, sobre todo, los padres inculquen a los pequeños una buena formación moral i no mandarles cosas que no sean razonables para su edad. Hacerles ver el valor de la palabra dada; como es lógico, procuremos que el proceder auténtico sea rentable para los más jóvenes, es decir, que les dé felicidad. Una vez sentidos y asimilados los benévolos valores, esta pauta interna les llevará a seguir el camino correcto. No serán un títere de los avatares del momento. “Encuéntrate y sé tú mismo” (Dale Carnegie).

No confundamos la autenticidad con la sinceridad y menos con la impulsividad. La persona sincera dice lo que piensa en aquel momento; la impulsiva no suele pasar la criba de lo que manifiesta, si es consecuencia de una pasión o de un arrebato de cólera; sin embargo, la auténtica, lleva el control de sí misma; por consiguiente,  existe una coherencia, entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace.

Marcos Seguí Pons


lunes, 31 de diciembre de 2012

EL VALOR DE LA ESPERANZA

                                                                                                                   “La esperanza es el mejor
médico que conozco”.
A. Dumas


En estados de  desaliento, desencanto, desilusión o pesimismo, la esperanza es un valor capital, una tabla salvadora para los humanos. Constitutivamente, las personas somos seres que esperamos, somos esencialmente proyecto y esto es lo que más claramente nos distingue de los animales. La esperanza es un compromiso del presente abierto hacia el futuro, es un acicate, un motivo para pasar a la acción cuando otros se desesperan y abandonan. La esperanza es el único bien común a todos los hombres: los que todo lo han perdido la pueden y deben poseer aún.
La esperanza es además una de las virtudes teologales. En primer lugar se nos propone para las cosas futuras y nos demuestra que sin ella las cosas presentes no pueden mantenerse en pie. Es más, si se suprimiera la esperanza, se paralizaría la humanidad entera; quita la esperanza y cesarán todas las artes y todas las virtudes; quita la esperanza, y todo quedará destruido. “¿Qué hace el niño junto al maestro, si no espera fruto de esas letras? ¿En qué barca se aventurará el navegante entre las olas del mar, si no espera una ganancia ni confía en llegar al puerto deseado? ¿Qué soldado menospreciará, no ya las molestias del cruel invierno o del tórrido verano, sino a sí mismo, si no abriga la esperanza de una gloria futura? ¿Qué agricultor esparcirá la semilla, si no piensa que recogerá la cosecha como premio del propio sudor? ¿Qué cristiano se adherirá por la fe a Cristo, si no cree que ha de llegar el tiempo de la felicidad eterna que se le ha prometido?”(iglesia.net).
La esperanza es una tarea a realizar día a día; una apasionante aventura alentada por la irrenunciable confianza que algo cambiará a mejor, teniendo claro que este cambio será mediante una actividad razonable ejercida desde el interior de uno mismo. Para quien tiene esperanza, los contratiempos le espolean su esfuerzo y entusiasmo.  Cada uno debe formarse una lista de frases que puedan estimularle y desarrollar este valor. Considero muy acertada la expresión de José A. de Sobrino: “La esperanza es esa virtud que nos enseña a descubrir que sigue existiendo el paisaje cuando atravesamos el túnel”.
 No podemos educar en  la esperanza sin el ejemplo y una buena actitud mental. ¿Cómo se llega a una actitud mental positiva? Según más de un  psicólogo que he leído, conviene ver, o mejor dicho, visualizar y disfrutar, de antemano, de la meta a la cual queremos llegar. Esto quiere decir que no hay que esperar a regocijarse cuando ya se ha conseguido lo que se pretendía sino, también, durante la lucha y el esfuerzo para conseguirlo. Si nos entrenamos teniendo en la mente palabras e imágenes convenientes y sabemos integrar y armonizar la lógica y la imaginación, aumentará nuestra creatividad, eficacia y armonía en nuestro interior. Dicho en otras palabras: alimentar nuestro subconsciente con  ideas fortalecientes y buenas al mismo tiempo que se rechazan o se ignoran las ideas perturbadoras.
Tengamos muy claro que esperar es también pasar a la acción con entusiasmo y no tumbarse al lado del camino confiando en que otros nos solucionen los problemas. “El hombre de esperanza es una persona centrada que ha hecho del amor la razón de su existencia y encuentra su felicidad en la actitud de servicio”. (Bernabé Tierno).
                      Marcos Seguí Pons

martes, 25 de diciembre de 2012

EL VALOR DE LA PACIENCIA

No hay meta demasiado lejana
para el que se arma de paciencia.
La Bruyère
La paciencia es una de las virtudes capitales, es la opuesta al pecado de la ira, al enfado, al descontrol y a la irritación por lo más mínimo. Es saber sufrir y tolerar los infortunios y adversidades con fortaleza, sin lamentarse; sufrir la duración de un trabajo. Es la cualidad que demuestra calma y autocontrol; es tolerar con serenidad, sin desesperarse, la tardanza en la llegada de los frutos de nuestro esfuerzo. La capacidad de esperar, de retardar las gratificaciones, es prueba de haber llegado a un mínimo de madurez. El niño es impaciente y quiere las cosas al momento, tan pronto como las desea. No soporta la espera. De ahí sus pataletas y llantinas. Por lo tanto, los adultos que hacen rabietas, pronuncian reniegos y palabras fuera de tono con ello demuestran su carácter infantil e inmaduro. La paciencia con uno mismo conlleva la esperanza de seguir insistiendo en la construcción de nuestro yo y saber esperar lo que se pretende y desea con entereza y tenacidad. “El genio no es más que una larga paciencia”. (Herault de Secheiles).
Conozco personas que trabajan gratuitamente como voluntarios en algo que será beneficioso para otros o para la humanidad en general. No lo hacen lamentándose sino con alegría y sin vanagloriarse. Otras, cuidan de enfermos, a los cuales no se les puede dejar solos, sin esperar a cambio ninguna lisonja ni agradecimiento y renunciando a sus aficiones y pasatiempos. De este último grupo hay quien lo hace voluntariamente o porque las circunstancias se lo han exigido pero desempeñan su labor con entereza, estoicismo y naturalidad. “Lo que no se puede evitar hay que llevarlo con paciencia” (Horacio).  Grande es el contraste entre los que pacientemente, sin alardear ni hacerse ver, trabajan con diligencia  para hacer el bien al prójimo, al contrario que algún otro que lo que busca es salir en la foto. “La paciencia tiene más poder que la fuerza” (Plutarco).
La paciencia es un claro exponente de fortaleza interior. Pesa mucho menos lo que se lleva con paciencia que lo que se lleva con ira, tristeza o preocupación. Por otra parte, tengamos en cuenta: “Si lo que nos preocupa tiene solución, solucionémoslo y no nos preocupemos, y si no la tiene ¿por qué nos vamos a preocupar?  No malgastemos el tiempo y las energías pensando en lo que pudo ser y no fue. “Todo poder humano está compuesto de tiempo y de paciencia” (Honoré de Balzac). Recordemos: La paciencia en una condición del verdadero éxito en la mayoría de las actividades y un seguro contra la desesperación.
Marcos Seguí Pons

martes, 18 de diciembre de 2012

EL VALOR DE LA MODESTIA


Cuanto más alto estemos, otro tanto debemos
    descender hacia nuestros semejantes.
Cicerón
La modestia es una actitud de humildad y falta de engreimiento en las personas. Es también la aceptación sincera y reconocimiento de las propias limitaciones, debilidades y miserias. La modestia tiene la ventaja de mantener la estima ajena por nuestras cualidades y nuestra persona, nos despeja el entendimiento para no perder la perspectiva de las cosas.
El que no necesita de adornos ni artificios para sentirse “el mismo”, es quien manifiesta verdadera superioridad, y lo hace  con expresiones y actitudes de humildad y modestia. Es la sencillez quien conduce a buscar la esencia de las cosas, a que prevalezca el fondo sobre la forma, la calma sobre la exaltación. Es lo antagónico al exhibicionismo ostentoso que tiene como único fin producir efecto en los demás para la propia vanagloria.
Cuando estamos ante la grandeza o la sencillez de una persona modesta, siempre estamos a su altura, sea cual fuera nuestro currículo, nivel social o condición. Sientes como te eleva hacia sí o se baja hacia ti. La modestia es un encanto duradero que suple o duplica los encantos efímeros de la hermosura. Es contagiosa, equilibradora y saludable, hasta el punto de llegar a poner en evidencia al vanidoso y al “batallitas”.
He visto personalmente en una escuela de kárate como un principiante intentaba corregir la técnica de otros karatecas más avanzados. Este mismo, quería sobresalir hablando de cualquier tema. Un día conversando de ladrones, explicó la cantidad de prendas que había robado en los grandes almacenes sin ser pillado. En otro coloquio referente a la Madre Teresa de Calcuta, aprovechó para explicar sus propias acciones caritativas y filantrópicas. Evidentemente era un ejemplo de lo que NO se debe hacer.
El fatuo y engreído sólo se nutre de vaciedad, de palabras huecas y sin contenido. Sus temas son chismorreos. No es capaz de hablar sin descalificar para dar una buena imagen hacia el exterior. Al contrario, el modesto crece hacia dentro. Pero esta virtud no consiste en ser pusilánime ni tener falsa humildad, tampoco en negar las propias cualidades si verdaderamente se tienen. El modesto anda ocupado en el “SER” y no tiene tiempo que perder en el aparentar.
Marcos Seguí Pons

martes, 11 de diciembre de 2012

EL VALOR DE LA MORAL


La moral consiste en la buena voluntad.
Fichte.
Muchos autores han querido ayudarnos a adoptar las decisiones correctas con respecto a la moral, pero Kant nos ha dejado un criterio general para todas las acciones. Él decía: “Obra siempre de modo que tu conducta pudiera servir de principio a una legislación universal”.
La moral no es una jaula ni una prisión que nos quita la libertad. El conjunto de reglas mandatos y prohibiciones que propone, sirve, por el contrario, para custodiar esa libertad. Así el ser humano puede alcanzar su plena realización como individuo y como comunidad. Tomemos como ejemplo el código de circulación: si no existiera, en el tiempo en que vivimos, habría un caos de tal magnitud, que sería una verdadera plaga para la humanidad. Los accidentes de tráfico son casi todos fallos humanos; son hacer caso omiso a lo mandado y a lo prohibido. Dijo Jesús de Nazaret: “Si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos” (Mt. 19,17).”. 
Es moral toda acción que perfecciona al ser humano como persona. Cuando hablamos de moralidad nos referimos a la voluntad, al deseo de obrar de forma recta. De hacer el bien. Para desear y hacer el bien,  esforcémonos en pensar bien: he aquí el principio de la moral. Dice Bernabé Tierno: “Sólo pueden ser objeto de la moralidad los actos humanos que requieren tres condiciones: advertencia, voluntariedad y libertad”. La moral es independiente, es superior a la utilidad. Tiene que estar por encima de todo lo demás; es como una voz sublime que impone respeto.
Es más importante lo que hacemos que lo que decimos. Aplicando lo anterior al terreno amoroso: si me dices lo mucho que me quieres (eso está bien), pero mejor: Quiéreme, con buenas obras y comprenderé más tus palabras.
Seamos voluntariosos en la acción y repetición de acciones buenas, esforzadas y generosas para que se conviertan en hábitos. Esto servirá de contrapeso en este mundo que está perdiendo los valores. Decía Demócrates: “Todo está perdido cuando los malos (los amorales) sirven de ejemplo y los buenos de mofa. Esto es muy preocupante en estos comienzos del siglo XXI.
Marcos Seguí Pons

viernes, 7 de diciembre de 2012

ELVALOR DEL MOMENTO PRESENTE

Toda la vida se condensa, se concentra
 y se realiza en el hoy de cada día.              
Bernabé Tierno.

El tiempo es un bien escaso que el dinero no puede comprar. Del pasado aprovechemos la lección que nos dejó y del futuro no nos preocupemos porque ignoramos lo qué pasará. El presente es nuestra gran riqueza que tenemos que hacer fructificar aquí y ahora. Sirvámonos  en el presente de la experiencia adquirida en tiempos pretéritos para construir el porvenir.

No vivir el momento presente es una mala estrategia, nos hace incapaces de aprovechar y disfrutar de lo que  tenemos. Pero vivir este momento no significa vivir alocadamente, mirar hacia otro lado cuando algo nos va mal, ni gastarnos el dinero en tonterías. Vivir el presente es abrirse a los sentidos, a las sensaciones, a los sentimientos, a la estimulación moral, intelectual y física. Ante las dificultades, busquemos un remedio que, sin perjudicar a nadie, nos ayude. Hagámoslo ahora. ¡Ya!

La cultura oriental da una gran importancia al momento presente. El Zen japonés, en lo  referente a las artes marciales, aconseja no dejarse distraer por nada ni por nadie. Estando concentrados en el ahora, podemos sacar lo mejor de nosotros mismos. Al recibir un duro golpe, si pensamos en el dolor, nos dolerá más y nos bloqueará. La vida es una lucha y nos da algún palo, intentemos estar a la altura de las circunstancias. Adaptémonos  para comportarnos según lo requiera el instante presente, como el agua se adapta a su receptáculo. Como bien dice Elizabeth B. Brownung “Iluminemos el día de mañana con el de hoy”.

Para los ancianos, una buena combinación es percibir el presente con intensidad, no añorar el pasado y ser capaces de proyectarse y tener planes para el futuro. ¿Y si éstos fallan? Recuerdo perfectamente lo que decía mi madre si eso ocurría: “No te preocupes, no debía convenir”.

Del pasado conviene recordar las enseñanzas, los buenos ejemplos y el cariño de nuestros familiares y amigos. Gocemos de los que están entre nosotros y roguemos por los que han fallecido. Nuestra actuación en el presente que sea positiva, voluntariosa y entusiasta y esto será una buena semilla para el porvenir. Es acertada la afirmación de Macarena Chías: “El hombre pleno vive en el presente, partiendo del pasado, con objetivos de futuro”

Marcos Seguí Pons

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL VALOR DEL TIEMPO

“¿Amáis la vida? Entonces no malgastéis el tiempo, pues es de éste que la vida está hecha”.
Benjamín Franklin.
Un día consta de veinticuatro horas para todos. Utilicémoslas para ganarnos la vida honradamente, cultivemos nuestras facultades: morales, intelectuales, físicas…  y repongamos fuerzas con el descanso. Organicémonos.
Empleemos nuestro tiempo en cosas lo suficiente significativas para ser tenidas en cuenta. Priorizar lo importante y urgente sin descuidar lo que no lo es tanto. Al hacer algo rutinario, probablemente se podrá simultanear con otra cosa. Por ejemplo: aprovechemos para conversar con la familia mientras comemos. Tengamos un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio y  comencemos sin retraso cada actividad. Perder una hora por la mañana y toda la jornada estará desfasada. No estemos en la cama simplemente para holgazanear. Evitemos cotilleos que nos hacen perder tiempo y ganar disgustos. Si llegamos tarde al trabajo o a una cita, perjudicamos a quienes nos esperan. Exijámonos mucho a nosotros mismos. Seamos puntuales. 
Si hemos tenido la debilidad de derrochar el tiempo,  No caigamos en la tentación de recuperarlo cometiendo imprudencias al conducir o, si somos peatones, cruzar las calles cuando y donde no debemos.
Al hacer el proyecto de nuestros quehaceres, añadamos unos minutos de seguridad, no para actuar más lentos sino más tranquilos. El trabajo precipitado suele salir peor y cundir menos. No nos paremos para explicar a otros lo mucho que hemos hecho o lo mucho que nos queda por hacer. Currando adelantaremos más. Utilicemos todo el tiempo disponible para trabajar y también para algún entretenimiento positivo. Según John Wanamaker: “Quienes no encuentran tiempo para la distracción, se obligan tarde o temprano a encontrarlo para la enfermedad”.  
La actividad es mejor pasatiempo que la pereza. Mi padre decía: “Hay que disfrutar del trabajo  como si estuviéramos en una  fiesta”. Por otra parte, Plutarco manifestó hace aproximadamente dos mil años: “¡El mayor de todos los sacrificios es el sacrificio del tiempo!”.
Marcos Seguí Pons






jueves, 29 de noviembre de 2012

EL VALOR DEL DINERO

Siempre y ahora más por lo de la crisis, el  dinero o mejor dicho, su carencia, está en boca de muchos. El dinero no lo resuelve todo, pero puede ayudar a resolver algunas cosas. No obstante, no hay que adorar al “dios” dinero. Para administrarlo, es importantísimo saber distinguir las necesidades de los vicios y caprichos. No escatimar  ni un céntimo en lo referente a las primeras: salud, formación moral, cultural y profesional de los hijos… Por poco que se pueda, conviene ahorrar algo, lo cual tendrá un inestimable valor cuando surjan gastos imprevistos.
 Conviene evitar las depravaciones que nos perjudican la salud y la cartera. En cuanto a los caprichos, hay que ir con pies de plomo y ser muy selectivo. No vivir por encima de nuestras posibilidades. En este juego  siempre se pierde riqueza y se ganan dificultades. Existen más de uno que se gasta su caudal en superfluidades privándose de lo necesario. Quien al salir a la calle se compra cualquier tontería en la primera tienda con que se tropieza, no es dueño de sí, sino esclavo de sus anhelos y antojos. El más rico es el que menos necesita. No olvidarlo.  
 Por otra parte,  quien vive sólo para ahorrar se pierde cosas importantes durante su existencia. He conocido a personas que, disponiendo de  un patrimonio nada despreciable y estando gravemente enfermas no han querido acudir, por no gastar, a un facultativo de prestigio. Quienes no son capaces de rascarse el bolsillo cuando causas de fuerza mayor lo requieren, sus bienes no les sirven de nada. Los avaros suelen ser gente insegura que  nunca tienen suficiente.  Se privan  de todo para que no les falte nada. Ahora me estoy acordando de una máxima de F. de Quevedo: “Lo mucho se vuelve poco sólo con desear un poco más”
Con lo despilfarrado por el desenfreno de algunos se podría satisfacer un montón de necesidades básicas en el tercer mundo y enseñarles a ayudarse honradamente a sí mismos. Tengamos empatía poniéndonos en el lugar de los que están faltos prácticamente de todo. Así disminuiría la obesidad de unos y la desnutrición de otros. Se ganaría por ambas partes. ¿No les parece? Intentemos apreciar el auténtico valor del dinero.
Marcos Seguí Pons